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Ejemplo de vida

Un ciego que enseña a leer

 

Es miembro de la Asociación Civil Tiflonexos, una entidad de apenas 7 personas. Por intermedio del sonido impreso, ayuda a leer a no videntes. Un emocionante y solidario ejemplo.
 

Una frase, una sola, pinta de cuerpo entero a este porteño bonachón, grandote, simpático, que a estas horas ya está de vuelta en su departamento del barrio de Colegiales. Dice que ser ciego no es ningún impedimento, menos una desgracia ni cosa parecida. Es, simplemente, eso: ceguera. Nació no vidente por ser prematuro. Y ahí, de nuevo, aflora su chispa cuando aclara que era el apuro por nacer. Así y todo, tiene un físico de número 2 y como tal aclara que es hincha de Boca y que los pocos kilos que le sobran, los va a eliminar apenas se meta de nuevo en la pileta.
Casado (su esposa atiende un kiosco en la ciudad de Buenos Aires), 29 años, futuro papá antes de las fiestas, Gustavo ya vino otras veces a la provincia. Esta vez volvió por algo muy especial: enseñar, como activo y andariego miembro de la Asociación Civil Tiflonexos, a “leer” libros a ciegos sanjuaninos por intermedio de un sistema de computación con sonido impreso. En la sala de la planta baja de la histórica Biblioteca Franklin, Gustavo, con paciencia de santo, le ayuda a descifrar que es “eso” a Gastón Eduardo Valdivia, un joven calingastino de 21 años que perdió la visión en la escuela primaria de Villanueva después de recibir un golpe en la cabeza.
Gastón, menudo, simple, silencioso, es doble campeón argentino en 100 metros y salto en largo en los torneos especiales, no está solo. A su lado, como siempre, está su mamá Graciela Cortez. Gustavo es uno más de ese solidario puñadito de apenas siete integrantes (no todos son no videntes), que integran Tiflonexos y que sobreviven gracias a la inestimable y valiosa colaboración de diversas personas.
Él, como coordinador de servicios de soportes técnicos, viaja por todos lados y aclara que para movilizarse por cualquier lugar no necesita guía de ninguna clase. Aquí, en San Juan, estuvo en el hotel que está frente a la Plaza 25 y una sola vez le dijeron dónde quedaba la Franklin y no necesitó más para ir y volver como si estuviera en su barrio porteño. Es que allá y por media Capital Federal también camina como uno más. Apasionado lector de uno de los 20 mil libros que cualquier no vidente puede leer por ese sistema, Gustavo dice que leyó el libro de Ernesto Sábato donde aparece el más que polémico capítulo “Informe sobre ciegos”. La reflexión sobre un capítulo donde el autor define a los ciegos como una tenebrosa banda que se mueve en las tinieblas, es para pensar.
Gustavo explica que es sólo eso: ficción, parte de una novela, nada más.Algo, después de todo, que tiene mucho que ver con lo que dijo apenas nos estrechó la mano. “Yo soy un tipo como cualquiera, ni más, ni menos. Nací ciego, ninguna desgracia, es ceguera. Nada más que eso”.

 

 

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